Casi imperceptiblemente, el sol de mediodía ya no está tan alto como a comienzos del año y las noches empezaron a volverse un poco más largas. Esto solo puede significar que el verano está llegando a su fin 🍂

La perpetua y sutil danza de los astros nos regala simetrías en el cielo y cíclicas variaciones en la Tierra, como las de las estaciones.

El comienzo del otoño en el hemisferio sur, y el inicio de la primavera en el hemisferio norte, este año llegará el próximo miércoles 20 de marzo a las 18:58, hora argentina. Será el momento del peculiar equinoccio.

La palabra equinoccio proviene del latín y significa “noche igual”, en referencia al día y la noche de aproximadamente 12 horas cada uno. Por ende, los equinoccios son aquellos momentos en los que el día y la noche tienen la misma duración.

No solo en la Tierra, en todos los planetas del sistema solar se producen equinoccios dos veces al año. Ocurren cuando el Sol está exactamente sobre la linea del Ecuador del planeta. Esto hace que el Terminador, la línea que divide las zonas del día y la noche, pase por los polos Norte y Sur del planeta. El singular ángulo hace que todas las partes del planeta reciban aproximadamente la misma cantidad de luz y sombra durante el día. Es lo que sucede en los equinoccios de otoño y primavera. Junto con los dos solsticios anuales, los dos equinoccios marcan los cambios de estación

A lo largo de la historia, diversas culturas alrededor del mundo han celebrado las fechas que representan estos cambios de estación. En México, durante la puesta de sol en los equinoccios de primavera y otoño, la luz solar baña la escalera de la pirámide Chichén Itzá. El ángulo que se ilumina crea una impresionante forma de serpiente, que parece deslizarse a lo largo de la construcción.