Se cumplen 150 años de la publicación de la tabla periódica que todos conocemos en la escuela secundaria. Obra maestra del científico ruso Dimitri Mendeleiev, considerado uno de los padres de la química moderna.

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU UNESCO) proclamó 2019 Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos (IYPT2019). Un homenaje a la química, que es un reconocimiento al rol crucial de las ciencias a la hora de aportar el conocimiento para posibles soluciones a los desafíos del mundo de hoy. Y una oportunidad de conocer la vida y obra de uno de los mayores sabios del siglo XIX, junto a Pasteur y Darwin.

Dimitri Mendeléiev, el más pequeño de 17 hermanos, nació en la helada Siberia en 1834 en un hogar humilde. Tuvo una vida de leyenda. El mismo año de su nacimiento, su padre quedó ciego y su madre debió hacerse cargo de la fábrica de cristal que dirigía. Ya viuda, la fábrica ardió hasta sus cimientos y ella decidió invertir sus ahorros en la educación de Dimitri. Se mudaron a Moscú, donde fue rechazado en la Universidad por su origen social. Después casi muere de tuberculosis, y se radica en San Petesburgo donde llegó a estar a cargo de la cátedra de Química de la Universidad y con el descubrimiento de la Ley Periódica ser el gran profeta de la química moderna.

La idea de establecer una clasificación de los elementos se remonta a la antigüedad. Aristóteles distinguía en Grecia, tierra, agua, aire y fuego. Los alquimistas añadieron un quinto elemento: la “quintaesencia”. Enseguida se imaginaron otros tres, el mercurio, el azufre y la “sal filosófica”. Incluso en textos del siglo XVII y XVIII se lee acerca de sustancias como “cristales de Venus” o “flores de Júpiter”, y puede verse como el lenguaje de la química todavía era oscuro e indefinido.

Hay así desde fines del siglo XVIII hasta mediados del XIX unas 50 tentativas de sistematización de los elementos.

Fue así que Mendeléiev también pensaba y pensaba cómo organizar los elementos y agrupar aquellos que presentasen un comportamiento similar. Buscaba la explicación de las fuerzas que obligan a los cuerpos a asociarse, a reaccionar los unos ante los otros. Se interesa, podríamos decir, por la filosofía de la química.

Cuenta la historia que había anotado las propiedades y la masa atómica de cada elemento en cartas, que disponía sobre una mesa y que reorganizaba una y otra vez, como si se tratase de un juego. Hasta que se dio cuenta de que sus propiedades se repetían de manera periódica.

En 1869 dio a conocer su descubrimiento en la mayor de sus obras titulada “Principios de Química”, considerada por entonces una verdadera enciclopedia química que fue traducida a varios idiomas. Y según cuenta sus biógrafos, la Ley fue escrita en un solo día, después de un sueño revelador.

En sus propias palabras, el científico vio en un sueño “como todos los elementos caían en su lugar adecuado”. Al despertarse dispuso los elementos por orden de pesos atómicos, y vio que así sus propiedades se repetían en una serie de intervalos periódicos. Por eso llamó a su descubrimiento “tabla periódica”. La organización de las tarjetas en columnas verticales de pesos atómicos más bajos a más altos colocó elementos con propiedades similares en cada fila horizontal.

Esta primera tabla organizó los elementos conocidos en aquella época, que eran 63. Pero predijo las propiedades y componentes de cinco elementos y dejó espacio para los que habrían de descubrirse en el futuro. ¡Hoy ya son más de 100!

Los sucesivos avances de la química, con el descubrimiento de los elementos previstos, los gases raros, la radiactividad, las teorías modernas sobre la estructura del átomo, no fueron más que múltiples renacimientos y confirmaciones de la obra maestra de Mendeléiev.

“Antes de la promulgación de esta Ley, los elementos químicos eran meros hechos fragmentarios e incidentales en la naturaleza”, declaró sobre su creación Mendeléiev. Tenía razón, la naturaleza hasta entonces era desorden (o un orden desconocido). A partir de la Ley Periódica el pensamiento científico conquistó definitivamente el patrón subyacente de los ladrillos primordiales del mundo natural: los elementos químicos.

La tabla periódica no fue el único aporte científico de Mendeléiev, quien además fue filósofo, pedagogo y economista. Sin duda fue su aporte más importante, pero no fue lo único. “Qué no habré hecho en mi vida. Yo mismo me quedo asombrado”, escribió poco antes de su muerte, al hacer la lista de sus obras. Además de un hombre de laboratorio, fue un defensor de la ciencia aplicada y de los estudios para mejorar las técnicas de producción industrial. “No puede haber industria moderna sin ciencia, tampoco puede haber ciencia moderna sin industria, y sin su conjunción todo se reducirá a un delirio de investigaciones sin perspectivas. Hay que aplicar los principios científicos a la creación de la riqueza nacional,” sostenía.

Dio cuenta de un nuevo proceso de fabricación del aluminio al que calificó como “metal del porvenir”. A él se le atribuye la introducción del sistema métrico en Rusia, y sus investigaciones sobre la composición del petróleo ocuparon un lugar importante en su vida y llevaron al establecimiento de la primera refinería de del país. Incluso llegó a pronosticar se convertirá en un componente clave de la economía mundial.

Su retrato recuerda el Moises de Miguel Angel. La ancha frente de pensador, las cejas unidas por el esfuerzo de concentración, la cabellera leonina, la barba ondulante siguiendo los movimientos de la cabeza, así evocamos hoy a este sabio que logró que la ciencia fuera un puente de conocimiento para cruzar el abismo de lo desconocido. La ciencia que estudia lo infinito, es ella misma infinita.

¿Queres saber más? Te recomendamos:

📚 Dimitri Medeleiev y la ley periódica, de Paul Kolodkine. Colección Sabios del Mundo Entero, Ediciones Cid, Madrid, 1963.

📚 Historia de las Ideas Científicas, de Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki, Bs As. 2013, Editorial Planeta.