El doctor Alejandro Pérez es cordobés, de Río Tercero. Estudió Física en la Facultad de Matemáticas, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba. En 1997 emigró a los Estados Unidos para continuar con sus estudios doctorales y su carrera lo llevó a Francia, donde actualmente reside.

Treinta años atrás los domingos en Río Tercero eran como los de ahora. Salvo por una cosa. Cuando caía la tarde y oscurecía había que largar todo y correr. Quizás a la velocidad de la luz se volvía a la casa a sentarse frente al televisor y emprender un viaje. En la pantalla, Carl Sagan conducía Cosmos, la serie de divulgación científica más exitosa de todos los tiempos. Uno de los miles que corrían a verla era Alejandro Pérez.
Esas sobredosis de tv y ciencia sembraron en él una vocación y curiosidad que vibran cuando narra su trabajo en la charla abierta que ofreció a cientos de jóvenes que colmaron el auditorio de Plaza Cielo Tierra.
“Cada mañana me levanto pensando en el funcionamiento del Universo. Creo que la necesidad de entender es parte de la vida misma”, reflexiona este cordobés que se graduó de físico en FaMAF-UNC y que hoy con 47 años trabaja como profesor del centro de física teórica en la muy francesa Universidad de Aix Marseille.
Se dio cuenta que se dedicaría a la investigación científica a orillas del Quillinzo. Una tarde cualquiera mientras juntaba piedritas lo asaltó una pregunta. Se preguntó por la naturaleza de las cosas. La misma pregunta que guía hoy su labor científica. “Las preguntas fundamentales sobre las leyes del Universo son preguntas que nunca
respondemos y nos hacen sentir pequeños e insignificantes a escala cósmica.”
“La ciencia es fundamental en la aventura de lo humano, el pensamiento es algo que no podemos evitar porque la necesidad de entender está en la vida misma. Hace 4 mil millones de años comenzó está aventura. Aprender, conocer, es clave para sobrevivir.”
Pérez se dedica al estudio del Universo en el marco de un campo de la física que está en plena conformación, la gravedad cuántica, que no es una teoría más. Apunta a ser un puente que logre unir los dos grandes edificios de la física: la física cuántica y la teoría de la relatividad.
Su charla estuvo centrada en los agujeros negros y sus secretos. “La física de los agujeros negros nos sugieren pistas para construir esa teoría que aún no tenemos, hasta ahora son intentos fallidos”, confiesa.
Con su arsenal teórico, y sofisticadas observaciones y cálculos, los físicos se zambullen en sus profundidades y describen su interior, como si hubiesen sacado pasaje hasta allí. “Los agujeros negros me fascinan por ser objetos extremos, donde el espacio tiempo se entremezcla. En el interior de un agujero negro se toca el final del universo. Allí se llega a final de los tiempos. El espacio tiempo llega a una frontera, se reencuentra con las condiciones de origen previas al Big Bang,” dice Pérez que fue premiado por la Fundación Andrew Mellow Fellow en New York por sus investigaciones en Gravedad.
También es sorprendente que, sin haber sido vistos, una teoría escrita hace más de cien años predijo su existencia. Los agujeros negros son verdaderas rarezas del cosmos. Y por primera vez, semanas atrás se logró obtener la primera imagen de uno. La teoría de la relatividad que en algún momento era solo de papel, ahora es corroborada mediante observaciones. Y estas confirmaciones no hacen más que agigantar la figura de su autor, el genial Albert Einstein.
“La Teoría de la Relatividad es muy bonita porque conceptualmente
es simple y accesible, se puede entenderse”, dice Pérez.
Por cierto no muchas teorías pueden explicarse con solo las manos o con un par de dibujos. Y ciertamente hay teorías de toda forma y color, las hay estilizadas y memorables o brutales y retorcidas. En el universo de las ideas científicas, hay de todo. Señala que “la mecánica cuántica, que es la otra rama de la física fundamental que explica la física de lo pequeño, es más fea y complicada. Y tiene la particularidad de que es eficaz para hacer predicciones, aunque no la terminan de entender ni siquiera los expertos.”
Tras escucharlo a Alejandro Pérez queda claro que los agujeros negros están en un límite, son una de las últimas barreras de la física, de la cosmología y de la naturaleza misma. La astronomía moderna nos trajo inquietantes verdades. Descubrió que el universo está poblado, no solo de estrellas que brillan y explotan, sino de estas extrañas singularidades con inmensa masa que produce un intenso campo gravitacional que curva el espacio tiempo. En los agujeros negros este fenómeno se exaspera , el espacio tiempo se cierra sobre sí mismo, formando un horizonte de eventos donde se dinamitan las leyes de la física. Nada escapa del agujero negro, ni siquiera la luz. Ningún pulso luminoso saldrá jamas de él, pero no porque haya una barrera que impida el paso, sino porque el espacio tiempo se ha cerrado bajo la poderosa garra de la gravitación.