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Un poco de ciencia

 

Antes de comenzar es importante que nos tomemos tiempo para comprender lo que ocurre tanto en una bomba atómica como en un reactor nuclear, donde el primero es un arma para la guerra mientras que el segundo es un dispositivo para producir energía para la sociedad.

La sustancia material se compone de átomos constituidos por electrones, pequeñas partículas de carga eléctrica negativa, que orbitan alrededor de un núcleo, compuesto por partículas 1800 veces más pesadas que el electrón, el protón de carga positiva y el neutrón sin carga.

Ahora bien, para cada elemento químico que compone la materia todos sus átomos tienen el mismo número de protones en el núcleo, pero puede haber diferencias en el número de neutrones. Los núcleos que tienen igual número de protones, pero diferentes números de neutrones, son lo que llamamos isótopos de un elemento.

Representación esquemática de los núcleos de 3 isótopos de Neón. El número de protones es el mismo y 10 electrones giran alrededor de cada uno de estos núcleos.

Algunos de estos isótopos son estables, lo que significa que no cambian nunca, o al menos en un lapso de tiempo suficientemente prolongado, digamos unos cuántos cientos de millones de años. Por ejemplo, el elemento Estaño (con 50 protones) es el elemento que más isótopos tiene ya que posee 10 isotopos naturales estables conocidos (con 62, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 72 o 74 neutrones en el núcleo). Otros son inestables, es decir, cambian su composición o “decaen” hasta transformarse en otros núcleos estables, proceso que puede tardar fracciones de segundos hasta millones de años, dependiendo da la composición del núcleo en cuestión. Este fenómeno fue observado por primera vez por Becquerel y Pierre y Marie Curie, en el elemento Radio, descubierto por éstos últimos en 1898. A medida que el Radio lentamente decae, transformándose primero en Radón y luego en Plomo, la energía es emitida de modo espontáneo y continuo en forma de partículas y radiación electromagnética. Esta característica, de emitir energía radiante y que le confiere su nombre al elemento, se denomina radioactividad.

3 formas de decaimiento radiactivo de un núcleo inestable.

Este proceso de transmutación natural, donde el núcleo de un elemento se convierte en el núcleo de un elemento diferente, abrió paso a una idea, ¿se podría realizar una transformación de manera artificial haciendo impactar, como proyectiles sobre un núcleo, partículas similares a las que el Radio emitía?

Dando respuesta a ese interrogante, el investigador británico Patrick Blackett trabajando con Ernst Rutherford, realizó la primera transmutación artificial en 1925. Bombardeando núcleos de Nitrógeno con partículas alfa (formada por 2 protones y 2 neutrones) encontró que uno de los protones fue absorbido por el núcleo de un átomo de Nitrógeno convirtiéndolo en un núcleo del elemento Oxígeno.

Representación esquemática de la transmutación artificial producida mediante bombardeo subatómico. El núcleo de Nitrógeno luego de ser impactado por una partícula alfa (el núcleo de un átomo de Helio) se convierte momentáneamente en un núcleo inestable de Flúor, que finalmente se descompone en dos productos o elementos estables, el Hidrógeno y el Oxígeno.

¿Qué pasaría ahora si bombardeaban el elemento más pesado conocido en la naturaleza hasta ese momento (el Uranio) con un neutrón? A esa tarea se abocaron, hacia finales de 1938, los científicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann. Sin embargo, en vez de ocurrir un pequeño cambio, como se esperaba, se encontró que se habían formado 2 elementos livianos cuyas masas sumadas era menor a la masa de partida del átomo de Uranio ¿Dónde se encontraba el resto de la masa faltante? Finalmente, en 1939, Lise Meitner encontraría la respuesta. Se había producido la ruptura del núcleo de Uranio dando como resultado núcleos de elementos más livianos con emisión de energía. La masa residual que faltaba se había convertido en energía según la famosa ecuación de Albert Einstein, postulada en 1905. ¡Todo encajaba! El núcleo de Uranio al ser bombardeado con neutrones estallaba en pedazos y producía gran cantidad de energía. Habían descubierto la fisión nuclear.

Proceso de fisión del Uranio U235. La captura del neutrón distorsiona el núcleo de forma similar a una gota inestable de líquido. Finalmente, el núcleo se subdivide en 2 partes más livianas y estables, liberando en el proceso 2 o 3 neutrones y energía térmica. El proceso tarda unos 10-12 segundos (la billonésima parte de un segundo).

Por otro lado, pudieron verificar que, a partir de la fisión de un núcleo, se podían obtener suficientes neutrones para producir sucesivas fisiones, resultando en una reacción en cadena. La cantidad de materia fisionable necesaria para llegar a esa posibilidad se llama masa crítica.

El control o no de esta reacción en cadena determina sus potencialidades. Así un arma nuclear necesita gran cantidad de núcleos atómicos pesados fisibles, como los isótopos Uranio-235 o Plutonio-239, para asegurar la reacción en cadena en forma prácticamente instantánea y descontrolada, que liberará enormes cantidades de energía. En cambio, un reactor nuclear, para producir energía en forma aprovechable, debe estar diseñado para mantener esa reacción en cadena bajo control. Esto se logra utilizando combustible nuclear con apenas el 3% de Uranio-235. El resto es Uranio-238, un isótopo más inerte y que reacciona con lentitud a la fisión. Se agregan además elementos llamados moderadores, como el agua, agua pesada, grafito o sodio metálico, que frenan los neutrones y barras de control hechas de Cadmio o Boro que los absorben.

La humanidad había logrado desentrañar los secretos del universo atómico y dominar, cual alquimia moderna, la transmutación de los elementos. Se había dado el primer paso para la producción de vastas cantidades de energía nuclear, para bien o para mal.

 

Proyecto Manhattan

 

Firmado por el presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt el 9 de octubre de 1941 y en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el Proyecto Manhattan surgió como respuesta al gran avance que estaban teniendo los proyectos nucleares de Alemania y Reino Unido. Temiendo infiltración soviética dentro del desarrollo británico, se plantearon como objetivo dirigir todos los esfuerzos necesarios para obtener el primer reactor y, de ser factible, la primera arma nuclear antes que la Alemania Nazi. A tales efectos se comandó su dirección al Teniente General Leslie Groves y a los físicos Arthur Compton, Enrico Fermi, Ernest Lawrence y Julius Oppenheimer.

El 2 de diciembre de 1942, se produjo el primer gran logro. Durante un experimento dirigido por Enrico Fermi en el Laboratorio Metalúrgico de la Universidad de Chicago, usando Uranio natural como combustible y grafito como moderador, logran la primera reacción nuclear en cadena controlada y auto sostenible. El éxito demostró la viabilidad del uso bélico de la energía nuclear y la realidad del peligro de que Alemania concrete su producción.

Con la información, las instalaciones y los materiales proporcionados se allanó el camino para que, finalmente, el 16 de Julio de 1945, en un campo de pruebas cerca de Alamogordo, en el estado de Nuevo México se realice la prueba “Trinity”. La primera explosión de una bomba atómica consistió en la detonación de un dispositivo de Plutonio mediante implosión.

Concluía así, de manera exitosa y tras casi 4 años de colosales esfuerzos, el Proyecto Manhattan. En una clara muestra de vigor, secretismo y determinación, los estadounidenses lograron alcanzar y superar ampliamente a los otrora avanzados proyectos europeos.

A esas alturas, la contraparte germana, liderada por Werner Heisenberg, estaba más interesada en dirigir sus esfuerzos hacia la construcción de reactores nucleares que en la fabricación de una bomba atómica. Durante todo ese tiempo habían evitado evidenciar las aplicaciones bélicas del proyecto, en parte por la aversión al régimen y en parte por los contratiempos que enfrentaron a la hora de obtener un método adecuado para el enriquecimiento de Uranio. Además, subestimaron el avance estadounidense y se sentían con cierto grado de ventaja.

Durante el invierno de 1944/1945 y, a medida que los aliados continuaban su inexorable avance en territorio alemán, un grupo de agentes aliados logró filtrar información dando a conocer a los altos mandos estadounidenses que “el proyecto nuclear alemán se encuentra a nivel académico y no se dedican grandes recursos”, sentenciando que “Alemania no está en condiciones de tener una bomba atómica hasta dentro de muchos años”.

Al leer el informe el responsable científico de la misión se tranquilizó al saber que ya no estaba en competición con los nazis. Dirigiéndose a uno de los miembros militares le preguntó:

—¿No es maravilloso que los alemanes no tengan bombas atómicas? Así no tendremos que utilizar las nuestras.”

—Usted no conoce al General Groves— replicó el agregado militar —Si disponemos de una de esas bombas, la utilizaremos.

Existía una determinación general de ganar la guerra. La bomba atómica sería construida, sólo había que cambiar el objetivo.

 

Hiroshima

 

La guerra en el teatro de operaciones del Pacífico era dura. Se contaban hasta ese entonces 120 mil víctimas japonesas y 20 mil estadounidenses sólo en la batalla por la isla de Okinawa. La invasión de Japón se esperaba que costara un millón de hombres a los Estados Unidos. Los militares concebían la bomba atómica como un atajo para liberar 20 mil toneladas de explosivos, algo que de una u otra forma se tenía pensado realizar.

Para considerar cómo debería utilizarse la bomba, el presidente Harry Truman creó un Comité Provisional, presidido por el Secretario de Guerra y con un panel científico asesorado por los dirigentes del Proyecto Manhattan. Algunos dentro del Comité abogaban por una demostración en el desierto o en una isla deshabitada ante el concierto de naciones, seguida de un ultimátum. Sin embargo, esta iniciativa no contó con apoyo suficiente ya que se dudaba que los japoneses se rindieran frente a ese llamado de atención. Después de examinar las alternativas coincidieron en lanzar la bomba sobre Japón sin dar a conocer la naturaleza del arma. El objetivo era conseguir el máximo impacto psicológico con la esperanza de una rendición inmediata de los japoneses.

El 24 de julio de 1945 Truman estableció la fecha para después del 3 de agosto y tan pronto como el tiempo lo permitiera. El 26 de julio se dio a Japón una advertencia amenazando con una “inmediata y total destrucción” si no se rendía. El 28 de julio el primer ministro japonés anunció el rechazo del ultimátum.

El 6 de agosto de 1945 en Tinian, una de las Islas Marianas en el océano Pacífico, acompañado de dos aviones de observación, despega un bombardero B-29 bautizado como “Enola Gay” con una bomba de 4400 kg. apodada “Little Boy”. Tras 3000 km de viaje llega a la ciudad japonesa de Hiroshima. A las 08:15 arroja la carga que 55 segundos después detonaría a una altura de 600 metros sobre la ciudad.

La reacción de fisión descontrolada y explosiva se realizó haciendo colisionar 2 masas subcríticas de Uranio enriquecido, el isótopo U-235, para combinarlas en una única masa crítica. Esto se logró disparando un cilindro hueco de Uranio enriquecido (la “bala”) sobre un cilindro sólido del mismo material (el “objetivo”) por medio de polvo propulsor de nitrocelulosa. De los 64 kg. de Uranio enriquecido que contenía “Little Boy”, menos de un kg. logró fisionarse. No obstante, la detonación creó una explosión equivalente a 16 mil toneladas de TNT. Se estima que la temperatura en el punto de detonación se elevó a más de un millón de grados Celsius. En menos de un segundo, una bola de fuego se expandió hasta 300 metros de distancia haciendo que la temperatura de la superficie del suelo oscile entre 3000 y 4000 grados Celsius.

 

Fallecieron 70 mil personas de forma inmediata, cifra que se elevaría hasta 146 mil en los días siguientes debido a los efectos de la radiación: quemaduras, exposición a radioisótopos de larga duración (como el Estroncio-90 y el Plutonio-239) y lluvia radioactiva o fallout (una fina lluvia de color negro producida por la condensación y precipitación de material vaporizado y partículas altamente radiactivas).

 

Vista aérea de Hiroshima antes y después del bombardeo

 

Por ejemplo, para darnos una idea de la escala de tal terrible evento, si la misma bomba hubiera explotado sobre la ciudad de Córdoba hubiese producido un radio de destrucción como el que se ve en la imagen.

Comparativa. Zonas de la ciudad de Córdoba que quedarían afectadas si una bomba de igual magnitud que “Little Boy”, detonara a 600 m sobre la plaza San Martín. Resultaría un estimado de 80 mil muertes y 190 mil heridos.

Groves escribiría “El único resultado que buscábamos fue convencer a los dirigentes japoneses de la total falta de esperanza de su posición”. Truman ratificó esta idea cuando comunicó por radio la noticia a un mundo estupefacto frente al espeluznante poder destructivo de semejante ingenio.

 

Nagasaki

 

Los militares estadounidenses consideraron importante arrojar una segunda bomba tan pronto como fuera posible, antes de que el enemigo pudiera recuperar su equilibrio. Una segunda bomba como “Little Boy” no estaría disponible durante meses, por lo que se tenía que recurrir a “Fat Man”, una bomba de 4670 kg que detonaba mediante implosión de Plutonio, similar a la usada en Alamogordo. El blanco elegido fue la ciudad de Kokura y como alternativa la ciudad de Nagasaki a 100 km. de distancia.

La misión era idéntica a la de Hiroshima. La madrugada del 9 de agosto despega desde Tinian el bombardero B-29 bautizado como “Bockscar”. Al llegar a Kokura la encuentra envuelta por la niebla. Después de efectuar tres pasadas inútiles sobre la ciudad fijan rumbo suroeste hacia Nagasaki. Al llegar encuentran nuevamente el cielo cubierto. Escasos de combustible deben proceder a la base cuando a último momento apareció un claro entre las nubes, permitiendo a la tripulación apuntar visualmente.

La bomba fue soltada a las 11:01 detonando 43 segundos después a 469 metros de altura sobre la ciudad y a casi 3 km de distancia del hipocentro planeado originalmente. De los 6,4 kg. de Plutonio enriquecido, el isótopo Pu-239, que contenía “Fat Man”, un kg. logró fisionarse resultando en una explosión equivalente a 22 mil toneladas de TNT.

 

Vista aérea de Nagasaki antes y después del bombardeo

Se calcula que 40 mil personas fallecieron de forma inmediata, entre los que se encontraban 2 mil trabajadores esclavos coreanos y 150 soldados japoneses. El total de decesos para finales de 1945 alcanzó los 80 mil. El radio total de destrucción fue de 1,6 km y se extendieron incendios hasta una distancia de 3,2 km del hipocentro.

A diferencia de Hiroshima, en Nagasaki no tuvo lugar la llamada “lluvia negra” o fallout. Si bien sus efectos fueron devastadores en el área inmediata del hipocentro, la mayor parte de la ciudad fue protegida por las colinas cercanas, confinando la explosión al valle Urakami, llegándose a destruir el 44% de la ciudad.

Incluso después de Nagasaki el ejército nipón rechazó la rendición. Deseaban continuar una lucha sin esperanza y no escatimaban en tomar el poder en Japón, ejercido por el emperador Hirohito, a la fuerza. Finalmente, el 14 de agosto, Hirohito interviene personalmente, arriesgando su vida ante los fanáticos militares, y firma la capitulación incondicional de Japón.

Estas fueron las únicas bombas atómicas utilizadas en combate y de la que hayan resultado víctimas humanas. Sin embargo, hay que tener presente el contexto de guerra que se daba en toda Europa y en el sudeste de Asia: una pérdida de vidas constante infligida por enemigos poderosos. Tristemente los bombardeos atómicos no fueron excepcionales en cuanto al número de víctimas ni en la severidad de la destrucción causada por otros bombardeos aéreos llamados “convencionales” que se habían realizado anteriormente durante la guerra. La diferencia por supuesto radica en que en Hiroshima y Nagasaki se lograron esos mismos resultados en pocos segundos y con un solo artefacto explosivo. Esa era la nueva dimensión que tomaba la guerra a partir de ese momento.

 

Legado

 

El mundo quedó desconcertado y horrorizado ante la potencia de las nuevas armas, incluso para aquellos que eran conscientes de su viabilidad, dado el efectivo hermetismo con el que se manejó el Proyecto Manhattan.

El descubrimiento de la fisión ocupa un lugar privilegiado en la historia de la ciencia. Ningún otro descubrimiento aislado ha tenido tan dramáticas consecuencias en tan corto período de tiempo. En 4 años se logró producir el primer reactor nuclear, y 3 años después, al arma con mayor potencial destructivo de la historia.

Izquierda: zona céntrica de Hiroshma cercana al hipocentro 8 meses después del ataque. Derecha: las elevadas temperaturas llegaron a fundir esta estatua metálica de Buda que estaba ubicada en un templo cercano al hipocentro.

Los efectos devastadores sin precedentes, las enormes pérdidas de víctimas civiles inocentes en cuestión de segundos, los efectos posteriores en los sobrevivientes y el hecho de que cada vez más naciones quisieran obtener esta arma de máximo poder disuasivo, llevarían al mundo a una profunda y sincera reflexión. ¿Fue realmente necesario llegar a tan cruento espectáculo para finalizar una guerra? ¿No es imperativo que se superen las diferencias de maneras consensuadas y tolerantes?

Sombra nuclear en Hiroshima, cualquier objeto opaco expuesto a radiación térmica genera una sombra. Izquierda: escaleras del banco Sumitomo, a escasos metros del hipocentro, por efecto del calor se quemó la piedra dejándola de color blanco excepto en el lugar donde una persona sentada dejó su sombra. Derecha: el mismo efecto se puede apreciar con el pasamanos de este puente ubicado a 900 m del hipocentro.

 

“La bomba atómica es un arma tan terrible que la guerra ahora es imposible”, afirmaba Oppenheimer, anticipándose a la Teoría de Disuasión, un concepto ideado y compartido de manera general entre la población de que la única guerra nuclear posible implicaba la Destrucción Mutua Asegurada (MAD por sus siglas en ingles).

Los temores se verían realizados el 22 de agosto de 1949 cuando la Unión Soviética se convertía en el segundo país en detentar poder nuclear al detonar con éxito una bomba similar a “Fat man” en el Sitio de pruebas de Semipalatinsk. La explosión resultó una sorpresa para occidente ya que se adelantó varios años respecto a las proyecciones hechas por la inteligencia militar estadounidense, que no habían previsto tan temprana pérdida de su monopolio, arrebatándole el lugar a los británicos que confiaban en ser los segundos.

Comenzaba así la Guerra Fría entre ambas superpotencias, marcada por una fuerte carrera armamentística. La humanidad había entrado a una nueva era donde la sombra de la amenaza nuclear se erguía sobre ella. El mundo había cambiado para siempre.

Un clima de época. Izquierda: la característica nube en forma de hongo visible desde Las Vegas, durante una detonación en el Sitio de Prueba de Nevada en 1957. Derecha: se llegaron a construir varios de estos refugios nucleares.

Sin embargo, no todo era temor y refugios nucleares. La contracara pacífica de la fisión nuclear se encontraba en la producción de energía. Barata y abundante, se entendió a la energía nuclear como una panacea y la gente comenzó a imaginar con implementarla en infinidad de aplicaciones. Algunas se harían realidad como la propulsión nuclear en submarinos (el primero, el USS Nautilus, fue botado en 1954) y barcos, pero otras eran ideas descabelladas como propulsar aviones, trenes y ¡hasta autos!

Proyectos que nunca se convirtieron en realidad. El avión Convair X-6, el auto Ford Nucleon y la red de trenes atómicos. La imposibilidad de construir reactores tan compactos sumada a la incapacidad de garantizar los mínimos requisitos de seguridad, hicieron que no pasen más allá de la etapa de pruebas.

Actualmente y de cara al cambio climático, se revaloriza la función de la energía nuclear como fuente de energía eficiente y limpia al no emitir gases de efecto invernadero. Sin embargo, no está exenta de un profundo debate respecto a su seguridad operacional, a la capacidad de soportar catástrofes naturales y al manejo, peligrosidad y disposición final de los residuos radioactivos. Todo esto a la sombra de los eventos acaecidos en Chernóbil en abril de 1986 en la Unión Soviética o Fukushima en marzo de 2011 en Japón, para nombrar los más relevantes.

Un gran reto se tiene por adelante, quizás el más importante sea terminar de entender que la cooperación pacífica y el esfuerzo conjunto de la humanidad nos llevará más lejos que los prejuicios, el odio y la indiferencia, en este viaje hacia la domesticación del átomo.

 

Autor

Gabriel Ferrario. Ingeniero Aeronáutico por la Universidad de Córdoba.

 

Fuentes

Mentes maestras: Lise Meitner

https://nuclearsecrecy.com/nukemap

El Mundo de la Energía Nuclear, Alexander Efron, Editorial Bell, 1971

The Making of the Atomic Age, Alwyn McKay, Oxford University Press, 1984.

A is for Atom, corto documental, John Sutherland y General Electric, 1953.

Atomic Energy an Introduction, corto documental, Enciclopaedia Britanica Films, 1946.

 

Un mensaje final

El pasado 6 de Agosto se realizó una ceremonia en el Parque Conmemorativo de la Paz, en la ciudad de Hiroshima, con rasgos muy diferentes a los de años anteriores, en conmemoración del 76vo aniversario del bombardeo atómico a esa ciudad. La pandemia mundial del COVID-19 impuso que solo estuvieran presentes los hibakusha (sobrevivientes a la bomba) y sus familiares, sentados a 2 metros de distancia unos de otros, en el parque.

La destrucción que sufrió esa ciudad fue enorme y se produjo en un instante, sin embargo su reconstrucción fue rápida y casi increíble. En menos de un año, el servicio de transporte público ya se había restaurado en forma parcial. Hoy, Hiroshima se ve como una ciudad igual a cualquier otra, con cerca de tres millones de habitantes y se ha convertido en un destino turístico de relevancia, con  un museo de primer nivel que documenta lo ocurrido y muchos monumentos, entre ellos el Domo Genbaku, una de las pocas estructuras que permaneció en pie en el centro de la ciudad y que es actualmente un sitio del Patrimonio Mundial decretado por la UNESCO.

Sin embargo, Hiroshima no es una ciudad como cualquier otra, y no puede serlo. Sus autoridades aspiran a que su ciudad sea considerada por el resto del mundo de dos maneras: como una advertencia y como un ejemplo inspirador. Una advertencia sobre los horrores de la guerra nuclear y por extensión, de cualquier otro tipo de guerra, y un ejemplo inspirador de la supervivencia a ese horror y el resurgimiento y triunfo del espíritu humano.

Cuando la bomba fue lanzada, en Hiroshima decenas de miles de personas murieron quemadas o fueron enterradas vivas al derrumbarse los edificios o golpeadas por los escombros que volaban. Aquellos que se encontraron  directamente debajo del punto de detonación de la bomba, o hipocentro, fueron incinerados y borrados instantáneamente de la existencia. La verdadera cifra de muertos (las estimaciones han oscilado entre 100.000 y 280.000) nunca se conocerá.

Quienes estaban más alejados del hipocentro, y pudieron liberarse de los escombros de sus hogares derrumbados, enfrentaron otro horror, una tormenta de fuego que avanzó consumiendo todo a su paso, ya que las construcciones eran principalmente hechas de madera. Durante el resto del día y la noche los incendios y torbellinos de fuego arrasaron las ruinas y los sobrevivientes a la explosión buscaron refugio en los pocos parques con espacios abiertos de la ciudad. El desconcierto de la población y del propio gobierno japonés era completa, ¿qué había ocurrido? ¿habían sido atacados por una enorme fuerza de aviones? ¿Se había utilizado un nuevo tipo de arma?

No tenían modo de explicar tal devastación. En una entrevista realizada poco tiempo atrás a una sobreviviente de ese día, y a la edad de 74 años, hizo un sencillo relato de lo ocurrido aquel 6 de agosto de 1945. Era demasiado joven para recordar los hechos ya que era tan solo un bebe, sin embargo su madre le contó sobre ese día, pero mucho tiempo después. La entrevistada expresó que «no podía preguntarles a mis padres cómo sobreviví, porque sabía que si les preguntaba, tendrían que recordar el peor día de su vida”. Cuando fui bastante mayor, me contó lo que pasó. Mi madre me tenía en brazos en ese momento, y toda la casa se derrumbó encima de su cuerpo, lo que me protegió. Quedó inconsciente y cuando se recuperó, todo estaba oscuro. No había luz. Escuchó la voz de un bebé llorando, era mi voz. Era su propio bebé pero ella pensó que era de otra persona. Mi madre gritó: ‘¡Por favor, ayúdenme! «… pero nadie vino a socorrerla. Entonces pudo ver una pequeña luz que entraba entre los escombros. Y se movió poco a poco, hizo un agujero y salió conmigo». Todo lo que pudo ver cuando salió afuera fue el fuego que consumia todo su vecindario.

Algunos periodistas extranjeros que visitaron Hiroshima algunas semanas después del ataque y cronicaron la devastación de la ciudad, pronosticaron que la ciudad permanecería inhabitable por 76 años. No fue asi.

Hoy, en el justo punto donde ocurrió la explosión, hay un edificio bajo con una pequeña placa en su frente que reza: «La primera bomba atómica utilizada en la historia de la humanidad explotó aproximadamente a 600 metros por encima de este lugar. La ciudad por debajo fue golpeada por rayos de calor de aproximadamente 3000 a 4000 grados C, junto con una ráfaga de viento y radiación. La mayoría de la gente de la zona perdió la vida instantáneamente».

Seguramente, todo visitante que llega a ese lugar y luego de leer ese texto, instintivamente dirige si vista hacia el cielo esperando ver quién sabe qué cosa, y seguramente solo verá el cielo azul y soleado, el mismo que se veía aquella mañana, justo antes del desastre.

No podemos ni debemos juzgar los hechos ocurridos hace tan solo 76 años o muchos siglos atrás, con nuestras visiones de hoy. Sería un grueso error de nuestra parte. La historia de la humanidad está repleta de crónicas que describen los horrores que el ser humano ha sido capaz de infligir sobre sus semejantes, ya sea sobre uno solo o sobre miles, y en el nombre de tantas cosas distintas. Eso no lo podremos cambiar jamás. Pero lo que si podemos hacer es cambiar nosotros mismos, aprender de los hechos que marcaron la historia de la humanidad, nuestra historia. Hiroshima y Nagasaki, y tantas otras ciudades en el mundo destruidas por las guerras, deben enseñarnos algo, debemos aprender algo de ellas. Tenemos la obligación de aprender algo de esos hechos.

Podemos aprender que la paz y no la violencia, es el verdadero sentido y fin que deben tener todos nuestros esfuerzos, día tras día, a lo largo de toda nuestra vida. Para eso, es necesario luchar activamente para construir esa paz, antes que nada en nuestros corazones y luego, en nuestras acciones. En el fondo, construir la paz es simplemente construir la tolerancia y el respeto a nuestro semejante y a todas sus diferencias con nosotros. Vale la pena imaginar que eso es posible, y las ciencias y las tecnologías deben ser usadas para justamente eso.

 

La Dirección de la Plaza Cielo-Tierra

Fuente

https://www.nationalgeographic.com/history/2020/08/elusive-horror-hiroshima/

Plaqueta conmemorativa

https://www.google.com/imgres?imgurl=https%3A%2F%2Fundivanaracnido.files.wordpress.com%2F2019%2F09%2F20181222_100008-1.jpg%3Fw%3D898&imgrefurl=https%3A%2F%2Fundivanaracnido.com%2F2019%2F09%2F24%2Fhiroshima-la-senda-de-la-paz-a-traves-de-la-tragedia%2F&tbnid=VdvfL6S3nTmyeM&vet=12ahUKEwj21aec76nrAhWRAtQKHdvwB8gQMygEegUIARCnAQ..i&docid=QrRdjnWJi8DgcM&w=898&h=1024&itg=1&q=texto%20plaqueta%20hipocentro%20en%20hiroshima&hl=es-419&ved=2ahUKEwj21aec76nrAhWRAtQKHdvwB8gQMygEegUIARCnAQ

 

Alguna imagenes:

Toshiko Omoto, una adolescente de 17 años, vestía esta blusa cuando explotó la bomba. Cuando su padre la encontró en un hospital militar ocho días después, estaban tan quemada que solo pudo reconocerla por su voz. A pesar de semanas de tratamientos dolorosos, muríó el 2 de Octubre.

 

Kiyoku Fujita, de 13 años, sufrió quemaduras severas sobre gran parte de su cuerpo. Su madre cortó y separó las ropas que se habían fundido con su cuerpo y la mantuvo abrazada con fuerza. Kiyoku pareció aliviarse pero enseguida murió.

 

Jiro Mitsuda, de 12 años, hiba camino a su escuela esa mañana. Con la piel quemada colgando de su cuerpo y con tan solo estos pantaloncitos, llegó a su casa y encontró a su madre caída en la entrada, cubierta de sangre. Le expresó a un vecino: ¡No sé qué me ha ocurrido, pero por favor ayude a mi madre!. De algún modo, consiguió apagar el incendio que había en su hogar. Su madre sobrevivió pero Jiro murió el 11 de Agosto.

 

Tomie Yamane, de 4 años, vivía con sus abuelos y vestia esta pollera cuando la bomba explotó, matándolos a todos. Sus padres, que se encontraban en China en ese momento, no supieron de su muerte hasta su regreso, en 1946.

 

Shinichi Tetsutani, de 3 años, estaban jugando en este triciclo cuando la bomba explotó. Murió esa misma noche por las graves quemaduras que sufrió. Fue enterrado junto con su triciclo. Décadas más tarde, cuando el cuerpo de Shinichi fue trasladado a una tumba familiar, su padre donó este preciado juguete al Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima.