Las vacunas nos han protegido de patógenos mortales durante milenios. Veamos cómo protegen al cuerpo humano.

La mayoría de las vacunas no curan enfermedades, lo que hacen es evitar que nos infectemos con algún agente patógeno. Las vacunas contienen el mismo germen (o parte de un germen) que causa una enfermedad, pero muerto o debilitado, de modo que al ser aplicada no producen la enfermedad.

El sistema inmunológico de nuestro organismo aprende sobre el patógeno que se inoculó, almacena información sobre él y produce anticuerpos en su contra, de modo que cuando realmente ingrese en nuestro organismo el patógeno activo, esto es, nos infectemos, el cuerpo pueda combatirlo.

Las vacunas han existido solo desde hace un par de siglos, pero el concepto de inocularnos contra las enfermedades tiene una larga historia. Veamos algunos de estos aspectos interesantes

La invención de las vacunas

La viruela fue uno de los primeros azotes de la humanidad, y el primero y único en ser erradicado con el uso de una vacuna. Recordemos que la viruela es una enfermedad causada por el virus “variola”, cuyos antecedentes históricos datan de alrededor de 10.000 años a.C. Esta enfermedad produce llagas y erupciones en garganta, boca y todo el resto del cuerpo, junto con fiebre muy alta y tiene una alta tasa de mortalidad. Para el año 430 a.C., se había descubierto que las personas que sobrevivían a la viruela desarrollaban una inmunidad hacia ella. En algún momento durante los siguientes 2.000 años, algunos afirman que ya en el año 200 a.C., la gente aprendió a inocularse contra la viruela.

Los primeros relatos, que se ubican en China e India, indican que las personas lucharon contra esta enfermedad mortal utilizando una técnica llamada variolazión, que implicaba moler las costras que formaba la viruela en la piel e infectar deliberadamente a alguien con este polvillo al inhalarlo por la nariz o rascarlo sobre la piel. La variolazión causaba una forma más leve de la enfermedad, pero estuvo lejos de ser perfecta: no solo había una tasa de mortalidad del 2 al 3 por ciento, sino que los infectados podían transmitir la viruela. Aun así, a principios del siglo XVIII, la técnica se había vuelto popular en Europa y América.

En 1796, un médico inglés llamado Edward Jenner, que vivía y trabajaba como médico rural en el poblado de Berkeley, Gloucestershire, en el sur de Inglaterra, revolucionó la forma en que abordamos las enfermedades como la viruela. Mostró que la inoculación con una cepa debilitada de la viruela de las vacas, una enfermedad zoonótica leve que en ese momento generalmente se transfería del ganado a los humanos, en particular a las mujeres campesinas que hacían los trabajos de ordeñe, también podía proteger contra la viruela. Durante las siguientes décadas, el  método de inoculación que desarrolló Jenner, llamado entonces “vacunación”, reemplazó gradualmente la variolazión. Gracias a ese descubrimiento y al desarrollo ocurrido en los años siguientes, el flagelo de la viruela comenzó a desvanecerse. En 1980, casi 200 años después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la enfermedad ya estaba erradicada.

El avance de los trabajos de Jenner allanó el camino para las vacunas, que hoy previenen epidemias generalizadas de una amplia variedad de enfermedades, incluidas la gripe, el sarampión, la poliomielitis, la rabia, el tétanos, la fiebre tifoidea, la fiebre amarilla y el cáncer cervical.

Cómo funcionan las vacunas

El sistema inmunitario de nuestro cuerpo está diseñado para buscar y destruir los patógenos invasores, pero no siempre es fácil y los patógenos pueden ser “inteligentes”, o más bien habría que decir que tienen estrategias para evitar ser destruidos. Por ejemplo, el virus de la gripe se “disfraza” a medida que ingresa a nuestro cuerpo y luego comienza a replicarse antes de que el sistema inmunitario se dé cuenta de que ya está allí.

Las vacunas le dan una ventaja a nuestro sistema inmunológico en esta lucha, enseñándole cómo reconocer rápidamente a un patógeno.

Existen varios tipos diferentes de vacunas, pero todas ellas consisten esencialmente en introducir un germen o parte de un germen en nuestro cuerpo, de una manera que no pueda enfermarlo, aunque puede causar síntomas menores como fiebre a medida que el cuerpo desarrolla inmunidad. Algunas vacunas usan todo el patógeno, pero muerto o debilitado; otras usan solo las partes del patógeno, como proteínas, que alertan al sistema inmune; algunas vacunas usan una toxina producida por el germen y otras dependen del material genético del patógeno.

Cuando recibimos una vacuna, el germen debilitado o alguna parte de él, produce un aviso al sistema inmunitario para que comience a producir anticuerpos para combatirlo. Una vez que el sistema inmunitario ha vencido al germen introducido en la vacuna, ya sabe cómo destruirlo rápidamente. Cuando nos exponemos al patógeno real, nuestro cuerpo reconoce al invasor y puede combatir la infección antes de que comience.

A veces, la inmunidad de una vacuna puede durar años o incluso el resto de su vida, mientras que otras vacunas requieren refuerzos a intervalos regulares. Todos los adultos y niños necesitan la vacuna contra la influenza todos los años para prevenir la infección contra las cepas virales que surjan durante esa temporada, que seguramente serán diferentes a las de la temporada anterior debido a cambios o mutaciones que pueden tener los virus.

La desinformación y la disminución de la confianza en la ciencia y en las acciones de los gobiernos en materia de salud pública han estimulado un movimiento “antivacunas” entre muchas personas, que principalmente cuestionan su seguridad. Sin embargo, las vacunas siguen siendo tan cruciales como siempre para mantener a raya las enfermedades peligrosas como el sarampión y la poliomielitis. La OMS estima que las vacunas salvan entre dos y tres millones de vidas cada año.

Muchos ahora están confiando en que una vacuna haga lo mismo para el nuevo flagelo que impacta en todo el mundo, el virus SARS-CoV-2 o coronavirus. Pero es demasiado pronto para decir cuándo podría ser, o qué tipo de vacuna será más efectiva contra el coronavirus, que continúa propagándose por todo el mundo.

 

Fuente: Artículo de National Geographic “Why vaccines are critical to keeping diseases at bay?”
https://www.nationalgeographic.com/science/health-and-human-body/human-body/searching-for-
coronavirus-vaccine-how-would-it-work/

Autor: Amy McKeever

Publicado 8 de Abril, 2020