Cuando pensamos en el océano nos imaginamos una basta y apacible extensión de agua. Reconocemos su inmensidad y en creemos que nada podría afectarlos. Sin embargo, debajo de esa superficie interminable, están sucediendo muchos procesos e interacciones de las cuales no nos enteramos. Muchos de ellos son indispensables para la vida en la Tierra. La actividad de la especie humana a nivel global también afecta directamente a nuestros Océanos. Te invitamos a leer esta nota para saber un poco más de esto y reflexionar.

Whale Enchantment” de Eleonor Moreschi. Todos los derechos reservados.

Adentrándonos en el mar

Los Océanos ocupan el 70% de la superficie de la Tierra y debajo de esa superficie hay un mundo submarino tridimensional muy complejo. En su interacción con los vientos en la superficie y debido a la diferencia de densidades de agua en las profundidades, se generan corrientes que surcan las distintas áreas marinas que componen nuestro planeta. Un ejemplo es la corriente del Golfo que permite que aguas cálidas del océano Atlántico se muevan desde las costas de México y lleguen hasta la zona de Europa Occidental. Si esta corriente no existiera, las temperaturas en los países de esta parte de Europa serían mucho menores. Los grandes movimientos de agua a través de las corrientes marinas actúan trasladando enormes cantidades de energía térmica a lo largo de todo el planeta y que, en parte, determina las características particulares de clima de diversas regiones del mundo.  

De esta manera los océanos, en su relación con la atmósfera y los continentes, tienen un importante efecto en la regulación del clima, las temperaturas a nivel global y el mantenimiento de la vida en la tierra.

Corriente del Golfo extendiéndose desde el Golfo de México hasta Europa Occidental – Ocean Eddies de la NASA

 

Las corrientes marinas son muy importantes también porque movilizan enormes cantidades de nutrientes que quedan disponibles para los organismos marinos que necesitan de ellos para sobrevivir y que son indispensables para la productividad primaria. En ella está involucrada la captación de dióxido de carbono atmosférico (CO2) y la producción de oxígeno, a través de la fotosíntesis. Este proceso les permite a los seres vivos que lo realizan, crecer y llevar a cabo infinidad de procesos fundamentales en la larga cadena de la vida. Al igual que las plantas en tierra, estos organismos toman el dióxido de carbono que esta disuelto en el estrato superficial del agua por la disolución del aire atmosférico, y forman sus tejidos y estructuras biológicas. Es tan importante que de hecho la mayor parte del oxígeno que respiramos proviene desde estos procesos en los océanos.

La productividad primaria es llevada a cabo por varios organismos que habitan los océanos, como las algas que vemos a simple vista, o macroalgas, y que llegan a formar extensos “bosques de algas” que albergan, dan refugio y alimento a una amplia variedad de otros organismos, como moluscos y peces, entre otros. 

 

Bosque de algas – Extraído de Pinterest

 

 

También participa el fitoplancton, compuesto por micro algas y bacterias, que son parte indispensables de las redes marinas, siendo consumido por el zooplancton que a su vez es alimento de muchos otros organismos de la red trófica. Al morir, diferentes partículas de materia orgánica residuales caen hacia los fondos oceánicos, lo que se conoce como “nieve marina” ya que se asemeja a los copos de nieve. Allí son fuente de alimento a muchas criaturas que habitan el fondo oceánico. La nieve marina transporta el carbono capturado en la superficie del océano hacia las profundidades, formando parte de una “bomba de carbono” biológica (expresado en el sentido de un mecanismo impulsor del movimiento de este elemento). Se dice que el fitoplancton de los océanos captura cuatro veces lo que el bosque del Amazonas. De esta forma, los océanos retienen una enorme cantidad de CO2 en sus profundidades por el hundimiento de las masas de agua frías en las regiones polares (por su mayor densidad) debido a las corrientes que nombramos con anterioridad.

En la captación de CO2 atmosférico también participan otros seres vivos, tales como las ballenas. ¡Si las ballenas! Estos seres, conocidos como los más grandes e inteligentes de los océanos, pueden capturar un promedio de 33 toneladas de carbono en su cuerpo a lo largo de su vida, la cual puede extenderse hasta los 200 años de edad. Sus heces también aportan nutrientes que el fitoplancton aprovecha. Los cuerpos de las ballenas al fallecer, también terminan en los fondos oceánicos llevándose el CO2 almacenado.

Al carbono capturado por los ecosistemas oceánicos y costeros se lo denomina “Blue Carbon” o Carbono Azul. De ellos forman parte los manglares, marismas y lechos de pastos marinos que, si bien ocupan solo un 2% del área oceánica, tienen un potencial de captación de CO2 unas 10 veces mayor al de los bosques terrestres.

Estos ecosistemas, así como los arrecifes de coral que también participan en la captación de CO2, albergan una basta biodiversidad de especies que dependen de ellos como hábitat, refugio e inclusive sitios de reproducción. En particular, los arrecifes de coral se forman por la captación de dióxido de carbono por parte de los pólipos (pequeños organismos relacionados con las anémonas y medusas) que lo combinan con el calcio disuelto en las aguas. De esta manera, generan carbonato de calcio con el que producen su esqueleto calcáreo característico, formando grandes colonias. Los arrecifes de coral ofrecen protección a las zonas costeras contra las tormentas y el oleaje y son fuentes de recursos alimenticios. De ellos se han generado drogas derivadas para tratamientos para el cáncer, artritis, infecciones bacterianas y virósicas.

 

Pólipos de coral – Extraído de National Ocean Services

En medio de la tormenta

Es evidente nuestra intrínseca relación con los Océanos. En ellos hace varios miles de millones de años surgieron los primeros organismos vivos y comenzó el desarrollo de la vida en nuestro planeta. Hoy en día los seres humanos dependemos de ellos no solo por los efectos sumamente importantes a nivel global que les nombramos anteriormente, sino que son indispensables para las poblaciones costeras que utilizan los recursos que encuentran en los mares para poder subsistir. Desde la pesca, el cultivo de una amplia diversidad de especies e inclusive el turismo.

Estamos en general acostumbrados a tener acceso a una diversa variedad de peces, mariscos, crustáceos que consumimos sin saber muy bien de dónde y cómo llegaron a nuestros platos. 

¿Qué pensarías si te dijéramos que nuestros Océanos y los seres vivos que lo habitan están en peligro? 

Efectivamente, nuestra forma de vida relacionada a un consumo desmedido de recursos provenientes del mar y las diversas políticas tomadas a nivel internacional que no tienen en cuenta los pulsos naturales y los efectos a largo plazo, han traído aparejado una serie de problemáticas que afectan la supuesta, pero falsa, imperturbabilidad de los Océanos. Sus aguas proveen la mayor fuente de proteínas del mundo. De hecho, más de 3.000 millones de personas dependen de los océanos como fuente principal de proteínas. Y para responder a ese nivel de consumo, un 40% de los océanos del mundo sufren de sobrepesca, malas prácticas de pesca y mala gestión de residuos. Es más, los subsidios a la pesca están contribuyendo al rápido agotamiento de muchas especies, impidiendo de esta forma los esfuerzos para salvar y restaurar la pesca mundial y los empleos asociados a esta. Esto causa que la pesca oceánica genere 50 mil millones de dólares menos por año de lo que podrían. Esto es un reflejo de como el accionar humano está afectando a nuestros océanos. A continuación, explicaremos más en detalle algunas de las problemáticas que están enfrentando los océanos.

Una de ellas es el cambio climático, generado por la emisión desmedida de gases de efecto invernadero a la atmósfera, como el dióxido de carbono y metano desde fuentes antrópicas, ha generado la modificación de fenómenos meteorológicos y climáticos a nivel mundial. Se ha aumentado la cantidad de eventos extremos registrados en los últimos años, desde fuertes tormentas a devastadores huracanes, entre otros. 

Por ejemplo, los fenómenos climáticos de “El Niño” y “La Niña” ocurren por eventos de reemplazo de aguas frías por aguas cálidas en la zona del ecuador y que tienen efectos globales, generando cambios de temperatura del aire, en los patrones de precipitación y la humedad de enormes regiones continentales. Estos procesos suceden naturalmente, pero debido al cambio climático sus efectos se han potenciado generando eventos extremos de mayores precipitaciones en algunas zonas y de mayores sequías en otras. Esto último, se cree ha influenciado en la presencia de grandes y devastadores incendios como los vistos en los últimos años en Australia o California.

El aumento de emisiones de CO2 atmosférico ha generado el calentamiento global a través del aumento del efecto invernadero que produce la atmósfera. Este aumento de las temperaturas ha producido un aumento de los niveles del mar por el incremento en el derretimiento de los hielos en los casquetes polares y la dilatación térmica, debido a que el agua se expande al calentarse. Esto, afecta a poblaciones costeras que, de seguir estos patrones, podría quedar bajo el agua. A su vez, trae aparejada la disminución de producción primaria ya que muchos seres vivos del mar no están adaptados a estas mayores temperaturas, por lo que mueren y dejan de captar CO2. Esto determina una disminución del CO2 captado en un efecto de realimentación negativa para el planeta. 

Estos cambios afectan a toda la biodiversidad marina ya que, si desaparecen los “bosques de algas” o los arrecifes de coral, también lo hacen todos los seres vivos que dependen de ellos para subsistir. De 100 a 300 millones de personas que habitan áreas costeras han quedado expuestas a mayores riesgos debido a la perdida de la protección de estos ecosistemas.

Un caso reconocido es el del blanqueamiento de los arrecifes de coral producido por el aumento en la acidez de los mares. Debemos mencionar que al disolverse el dióxido de carbono atmosférico (en cantidades incrementadas) en el agua del mar, se forma inicialmente la especie química carbonato ácido (o ion bicarbonato) y la liberación de iones de hidrógeno. La concentración de éstos últimos es la que determina finalmente el nivel de acidez (o valor de pH) del agua. Los corales pueden subsistir dentro de determinados rangos de pH, pero el aumento de las temperaturas ha generado que se modifique el pH de los mares que habitan.

 Esto afecta la relación simbiótica que tienen con las zooxantelas, las algas microscópicas que viven dentro de ellos. Las zooxantelas le dan su característica coloración. La alteración del pH genera la expulsión de estas microalgas de los corales, lo que genera la pérdida de funcionalidad de los corales afectando a todos los seres vivos que dependen de ellos para subsistir. El efecto de este fenómeno ha sido tan grande que un 50% de los corales del mundo han sido afectados y se cree que, de seguir la tendencia del calentamiento global, para 2050 podrían morir todos los corales.

Blanqueamiento de Corales – WorldWildLife

Otras problemáticas a las que están enfrentados los mares están directamente relacionadas a las actividades del ser humano. Una de ellas es la extracción de combustibles fósiles en lechos marinos, como el petróleo y el gas natural (formado principalmente por metano). Además de los derrames de petróleo que afectan a todos los ecosistemas marinos, se producen escapes gaseosos que aumentan la emisión de gases de efecto invernadero, sumando a los efectos de aumento de temperatura y modificación de la acidez de los mares.

Otra es la sobrepesca que genera una sobreexplotación de las poblaciones de peces, recudiendo su cantidad a niveles alarmantes y no posibilitando la recuperación de las mismas. Esto luego afecta a los pescadores que cada vez encuentran mayores dificultades en responder a la alta demanda internacional de peces. Para 2015, un 33% de las poblaciones de peces marinos estaban siendo sobreexplotados a niveles insostenibles, un 60% estaban siendo pescados casi al máximo de la capacidad de regeneración, siendo solo un 7% el porcentaje pescado a niveles sostenibles. Hay que tener en cuenta que el 55% del área del océano está cubierta por pesca industrial.

Un caso particular de pesca es la siembra y cosecha intensiva de salmones, conocido como salmonicultura. Esta actividad trae aparejadas graves problemáticas en las zonas donde son instaladas. Por un lado, los salmones son especies exóticas invasoras, es decir, especies que no son originarias de la zona y que, ante eventos de escapes de salmones de las redes donde están contenidos, actúan como predadores voraces de las especies nativas, afectando la biodiversidad. Esto impactos por especies invasoras también sucede cuando barcos que provienen de otros lugares del mundo no tienen los cuidados suficientes, o los gobiernos a donde llegan no fiscalizan las acciones necesarias, por lo que incorporan a los ambientes acuáticos estas especies invasoras que, producto de la actividad del ser humano, terminan afectando a las especies nativas.

Volviendo a la producción de salmones, en ella se utilizan redes que contienen metales pesados (como el cromo y el níquel) que se disuelven en el agua de mar por la corrosión de los cables.  Esto en conjunto con diferentes productos químicos que se vuelcan en aguas abiertas para mejorar su producción (como antibióticos, antifunguicidas, antiparasitarios y fertilizantes), terminan incorporándose en otros organismos. Estos productos químicos terminan afectando a los otros seres vivos de la zona, que terminan siendo consumidos por los seres humanos.

El vertido de fertilizantes utilizado para la salmonicultura y para las actividades agrícolas, que terminan en los océanos, genera lo que se denomina “zonas muertas” debido a la falta de oxígeno que se produce en estos ecosistemas. La incorporación antrópica de nutrientes en forma de fertilizantes en los cuerpos de agua, genera una proliferación excesiva de algas, que imposibilita el paso de la luz a mayores profundidades, no permitiendo el crecimiento de otros organismos. Al morir, terminan generando una capa de detritos en el fondo. Allí una serie de bacterias los degradan en condiciones anaeróbicas (sin oxígeno) debido a que no hay producción del mismo. Esto termina generando un ambiente en el cual organismos con mayores requerimientos de oxígeno no pueden subsistir.

Un efecto muy importante generado por el consumo desmedido de artículos a base de polímeros sintéticos es la producción de desechos plásticos. De hecho, se ha llegado a llamar a los Océanos como los “basureros” del ser humano. Todos aquellos plásticos, así como otros contaminantes producidos por las industrias y también por el ciudadano, que llegan de alguna manera al agua de arroyos y ríos, terminan finalmente en nuestros mares. Estos afectan directamente a los seres vivos que los consumen pensando que son alimentos o que quedan atrapados en ellos, llevándolos a su muerte. Hay enormes islas solo de plásticos flotando en zonas del océano.

Pingüino de Magallanes con cuello de plástico Crédito: Global Penguin Society

En el último tiempo, se ha comenzado a hablar de los microplásticos, pequeñas partículas de materiales plásticos producidas directamente por las actividades humanas o por la desintegración de mayores pedazos por la erosión por el oleaje, los vientos e inclusive la degradación provocada por el sol. Sin saberlo, estos microplásticos son incorporados a los organismos dentro de los cuales estamos nosotros, con diversos efectos que se están estudiando.

Reconociendo la importancia de los océanos

Diversos estudios a nivel mundial han demostrado los efectos negativos de la actividad humana en los océanos. Muchas organizaciones gubernamentales internacionales y muchas no gubernamentales (ONGs) han presentado diversos informes, buscando escuchar la mayor cantidad de voces, que expresan la transversalidad de esta problemática

En este contexto, la Organización de las Naciones Unidas proclamó al período comprendido entre los años 2021 y 2030 como la década de las Ciencias del Océano para el Desarrollo Sostenible, sumándose también a la década de la Restauración de los Ecosistemas. 

El programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha desarrollado una agenda de desarrollo sostenible. En ella se propuso una serie de objetivos denominados “Objetivos para el Desarrollo Sostenible” que buscan generar la cooperación internacional, la incorporación de políticas ambientales y la concientización por parte de toda la población mundial de los efectos que viene teniendo el accionar humano producto del consumo desmedido.

El establecimiento de Áreas Protegidas Marinas como políticas nacionales es muy importante para la conservación de nuestros Océanos. Estas políticas pretenden ayudar a contrarrestar los efectos de la pesca excesiva al generar zonas de no acceso donde los cardúmenes de peces y todos los seres vivos que habitan esos mares puedan reproducirse y prosperar. Es importante en el establecimiento de estas áreas incorporar la voz de los diferentes actores que se ven afectados ya que de esta forma se logra generar consensos que posibilita el mantenimiento de este tipo de zonas. Esto a su vez genera puestos de trabajo para investigadores, técnicos y pobladores que dependen de los recursos marinos. En Argentina, un ejemplo son el Parque Nacional Marino (PNM) y Reserva Nacional Marina Estricta (RNME) Yaganes y el Parque Nacional Namuncurá Burwood II. Se está trabajando para crear nuevas Áreas Protegidas Marinas.

Hay diversas organizaciones a nivel internacional como la “All Atlantic Cooperation for Ocean Research and Innovation” (AAnChOR) que trabajan en conjunto formando parte de la agenda ambiental mundial. A nivel nacional se puede nombrar al Instituto de Conservación de Ballenas, que se dedica a la investigación, educación y concientización a través de su Programa de Adopción de ballenas, o programas como el de “Sin Azul no hay Verde” de Rewilding Argentina, que trabajan en la protección de nuestro océano. También al Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia, que trabajan en conjunto con Chile para ampliar y asegurar un sistema efectivo de Áreas Marinas Protegidas.

 

Cambiando la corriente a favor de los Océanos

Los mares y océanos han tenido una gran importancia en el desarrollo de las sociedades humanas, y lo seguirán teniendo. Permitieron la difusión del comercio, de las ideas, de las artes, de las ciencias y las tecnologías, y también de las creencias religiosas. Unió y separó pueblos, forjó identidades y al mismo tiempo provocó que otras desaparecieran, y al igual que sus mareas, nos trajo y nos llevó. No seriamos lo que hoy somos sin su existencia. De hecho, hoy en día más de tres mil millones de personas dependen de la biodiversidad marina y costera para su subsistencia.

Es muy importante que como ciudadanos nos preguntemos cómo es que llega a nuestro plato el atún que consumimos, a que peligros están afectadas las hermosas Ballenas Francas Australes que surcan nuestros océanos o qué sucede con el envoltorio plástico que descartamos. 

Debemos empezar a tener actitudes que sean a favor del ambiente y para ello debemos tomar conciencia, informarnos y educarnos. Pero sobre todo debemos comenzar a pensar en maneras sustentables de cómo llevar adelante nuestras vidas. Desde disminuir la cantidad de productos innecesarios que consumimos, comprar productos locales que no necesitaron ser transportados por miles de kilómetros hasta reciclar todo aquello que podamos, para nombrar unas pocas.

Debemos reclamar a nuestros gobierno y autoridades locales la generación de políticas de largo plazo que favorezcan las estrategias de conservación de la biodiversidad y que disminuyan las emisiones de dióxido de carbono, para ayudar a la adaptación y mitigación del cambio climático.

Los océanos no solo están para proveernos recursos. También son una fuente de inspiración para aquellos seres humanos que tienen la suerte de contemplarlos. Movilizan nuestro sentimientos y emociones. Así como todos los seres vivos que los habitan.

Por ellos, por nosotros y por los Océanos, te invitamos a sumarnos al cambio de corriente a favor de la conservación de los Océanos y su biodiversidad.

 

Eleonor G. Moreschi – Bióloga

Bibliografía

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